Exposición de Rogelio Olmedo y Carmelo Rebullida
Tuesday, 30 November 2010 19:50

Del 2 de Diciembre al 9 de Enero 2011 en el Espacio cultural Adolfo Domínguez (Centro comercial Puerta Cinegia).

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Rogelio trae a la sala algunas figuras; 1. un sátiro priápico, brindando. 2. una secuencia de una rana saltando. 3. un gallo muy excitado. 4. una cabra en la cumbre mirando a su espalda. 5. un minotauro apenado. 6. un caballo galopando extasiado. 7. un mono observando un objeto que ha encontrado. 8. un tigre que ataca a su imagen.

"Esta faceta de mi trabajo con hierro me ha traído muchas alegrías. la primera, la de descubrir que sé hacerlas. Sin embargo puedo decir sin modestia claro, que me gustan tanto como si las hubiera hecho otra persona, porque no sé cómo, ni que parte de mí sabe ordenar ese hierro y siempre hay sorpresa. la segunda alegría es que hay más gente que me dice que le gustan, y he sabido que es verdad."

 

Profeta que se sujeta en la brisa

Soñando el alma, lo dice él, encontró el hacedor cuerpos tensados, desbocados o exhaustos, vivos, casi humanos. Son cuerpos que galopan y saltan, que otean y observan; cuerpos que se revuelven, que se excitan; cuerpos que celebran y caen abatidos y apenados. Cuerpos, todos, que bailan rozando, apenas, la tierra, aferrados al aire, ardidos, sedientos.
 
Urge el aire movido, como urge el cuerpo al soñar el alma. Por ello las variaciones. Porque viven, porque danzan y actúan. Variaciones de los pasos, de los gestos, de cada uno de los bombeos de sangre que los mueven. Y si urgen los cuerpos y su aire movido, urge anotar las variaciones, escribirlas y reescribirlas, darles la forma necesaria. El hacedor cose con puntada de hilo de acero y gas los cuerpos, los forja consigo mismos y los ensambla a sus sombras. Hay, en cada puntada de sus manos, un latido de fuego, la herida de un golpe, el trazo de luz en la pared tan blanca. Y con ellos, con el latido, la herida y el trazo, quedará bien escrita la memoria de la variación, su presente eterno, lo que habrá de ser de ella en adelante. Ahora, lo veis, es el cuerpo desbocado o el exhausto, pero luego será lo que le ocurra al cuerpo. Y el cuerpo será narración y tiempo, aire movido, gesto y paso, baile o drama. O habrá de ser su propia desaparición, su refundición en alma y espíritu vivo. Del cuerpo, como quiera que sea, quedará su urgencia, escrita por la mano del hacedor sobre la nítida sombra del cuerpo ensamblada al cuerpo mismo. El hacedor es profeta que se sujeta en la brisa.

Contemplad, ahora, esa costra certera de vida urdida sobre los hombros del abatido minotauro. Contempladla en las ancas del salto y en la excitación del pico y de los espolones; también en el éxtasis de los cascos desbocados, en el cuerno al acecho, en el zarpazo sobre la zarpa o en la mirada atenta sobre el objeto. Y contempladla, esa costra certera de vida, aferrada a la copa del que celebra con la copa alzada, con el sexo alzado y celebrante. Contemplad y compartid, celebrad, con el hacedor, el baile o el drama tan hermosos de su urgencia de aire movido.

Miguel Ángel Ortiz Albero