Profeta que se sujeta en la brisa
Tuesday, 30 November 2010 20:07
Soñando el alma, lo dice él, encontró el hacedor cuerpos tensados, desbocados o exhaustos, vivos, casi humanos. Son cuerpos que galopan y saltan, que otean y observan; cuerpos que se revuelven, que se excitan; cuerpos que celebran y caen abatidos y apenados. Cuerpos, todos, que bailan rozando, apenas, la tierra, aferrados al aire, ardidos, sedientos.
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Urge el aire movido, como urge el cuerpo al soñar el alma. Por ello las variaciones. Porque viven, porque danzan y actúan. Variaciones de los pasos, de los gestos, de cada uno de los bombeos de sangre que los mueven. Y si urgen los cuerpos y su aire movido, urge anotar las variaciones, escribirlas y reescribirlas, darles la forma necesaria. El hacedor cose con puntada de hilo de acero y gas los cuerpos, los forja consigo mismos y los ensambla a sus sombras. Hay, en cada puntada de sus manos, un latido de fuego, la herida de un golpe, el trazo de luz en la pared tan blanca. Y con ellos, con el latido, la herida y el trazo, quedará bien escrita la memoria de la variación, su presente eterno, lo que habrá de ser de ella en adelante. Ahora, lo veis, es el cuerpo desbocado o el exhausto, pero luego será lo que le ocurra al cuerpo. Y el cuerpo será narración y tiempo, aire movido, gesto y paso, baile o drama. O habrá de ser su propia desaparición, su refundición en alma y espíritu vivo. Del cuerpo, como quiera que sea, quedará su urgencia, escrita por la mano del hacedor sobre la nítida sombra del cuerpo ensamblada al cuerpo mismo. El hacedor es profeta que se sujeta en la brisa.

Contemplad, ahora, esa costra certera de vida urdida sobre los hombros del abatido minotauro. Contempladla en las ancas del salto y en la excitación del pico y de los espolones; también en el éxtasis de los cascos desbocados, en el cuerno al acecho, en el zarpazo sobre la zarpa o en la mirada atenta sobre el objeto. Y contempladla, esa costra certera de vida, aferrada a la copa del que celebra con la copa alzada, con el sexo alzado y celebrante. Contemplad y compartid, celebrad, con el hacedor, el baile o el drama tan hermosos de su urgencia de aire movido.

Miguel Ángel Ortiz Albero